El parto como sanidad

por Joanna Wilder

traducido del ingles por Elizabeth A. Wright

[Nota de la Editora: Este artículo fue publicado primero en Midwifery Today Issue 90, Summer 2009.]



Todos los que abogamos por partos naturales hemos sido testigo de su poder transformador. Para las mujeres que son sobrevivientes de abuso, el parto puede ser un canal de profunda sanidad o un evento de aún más trauma y violación. Es con profundo respeto por las mujeres y el poder del parto, entonces, que como parteras nos atrevemos a entrar a estos espacios sagrados con nuestras hermanas. Con este espíritu, te desafío a tener el valor de entrar a tu propia historia y a las historias de las mujeres a las que sirves. Ofrezco el concepto de que cualquier sanidad mediada por una partera debe fluir desde el previo trabajo de conocer su propia historia.
El abuso sexual afecta profundamente a cada una de nosotras. Por definición, "el abuso sexual involucra cualquier contacto o interacción por el cual una persona vulnerable (generalmente un niño o adolescente) es usada para la estimulación sexual de una persona de más edad, más fuerza o de más influencia". Puede ser visual, verbal, sicológico; o en el caso de un adulto, por un cónyuge. Sue Blume, en el prólogo al libro de Simkin y Klaus, declara que 25 a 62% de las mujeres han sufrido incesto. Entre las profesiones de servicio, Allender ha sugerido que 2 de cada 3 ha experimentado abuso sexual. En una línea conservadora, Tracy propone una cifra de 1 en 4 mujeres y 1 en 6 hombres.
Mi familia ha facilitado recuperación de abuso en la cultura de pobreza en Phoenix y también ha acompañando a líderes locales en Centroamérica y Sudamérica. De acuerdo a los líderes locales, la vasta mayoría del abuso en comunidades en América latina no es denunciada a causa de la falta de confianza en las autoridades. Han estimado que la incidencia podría llegar al 90%. Cualquiera sean las estadísticas usadas, el abuso sexual es con demasiada frecuencia una forma de vida dentro de muchas de nuestras comunidades.
Antes de comenzar este tema, ofrezco algunos principios subyacentes. Primero, no es necesario nombrar tus opiniones y sentimientos a la clienta; sólo sé consciente de ellos. Si una mujer inicia el tema de abuso, sigue su liderazgo. Segundo, el principio del permiso está basado en la elección. Como parte de su sanidad, la opción de verbalizar un claro "sí" o "no" es de vital importancia para una sobreviviente de abuso sexual infantil. Dado que de niña sus opciones le fueron robadas, cada elección en su jornada de parto debe ser tratada con honor. Por último, pon atención como partera cuando observas algo que no corresponde: temor que subyace un plan de parto, trabajo de parto que se frena, una aversión a pujar, una inexplicable hemorragia en una mujer con ambivalencia. Siempre deberíamos considerar la posibilidad de abuso, fuere declarado en la historia clínica o no. El principio que guía todo el trabajo es lo que le decimos a la mujer en trabajo de parto: confía en tus instintos.
Ha sido mi privilegio abogar por buenos partos por casi 20 años. Como una enfermera principiante en un hospital en el centro urbano, tuve como mentoras a parteras que han moldeado mi filosofía de buenos partos. Más tarde, tuvimos la visión de un centro independiente de nacimientos que sirvió a nuestra comunidad por 14 años. Ahora, al concluir mi práctica como partera superior, me muevo en círculos de partos domiciliarios. Observo mientras el sagrado trabajo de sanidad ocurre en el espacio propio de la mujer. En estas diversas oportunidades he visto un hilo en común: con demasiada frecuencia, las historias de las mujeres incluyen abuso sexual infantil. Fueron las mujeres mismas que me enseñaron el poder sanador del parto.
Fue con gozo y lágrimas que, en mayo de 2008, participé en la primera conferencia de Midwifery Today (Parteras Hoy) enfocada en los efectos del abuso sexual en el embarazo, parto y puerperio, aptamente titulado "Esperanza y Sanidad". ¡Que increíble reunión de mujeres con pasión por el parto! La conferencia honró el trabajo innovador de Penny Simkin y Phyllis Klaus, así como el de Mickey Sperlich y Julia Seng. Sus dos libros han ofrecido ricos regalos a la comunidad de nacimientos. Ambos tienen una base sólida de investigación, y están llenos de sugerencias prácticas para trabajar con sobrevivientes de abuso sexual infantil. Si fuiste parte de esta reunión, ¿qué te atrajo? ¿Fue un deseo de ayudar "a aquellas mujeres", o quizás, algo en mí o en ti? Verdaderamente, nosotras somos "aquellas". Quizás, lo que nos atrajo a muchas de nosotras a esta conferencia en particular fue una pasión que nació de las heridas de nuestras propias historias.
Historia, como uso el término aquí, es lo bueno y lo malo, el dolor y el gozo de las memorias de la jornada de la vida de cada mujer. Esto podría incluir enojo, abuso, abandono o soledad. A medida que cada mujer explora su propia historia, ciertos temas o cargas brotan de su experiencia única. Desde este profundo conocimiento surge su llamado, su sentido de misión. Mi pasión por los partos naturales encuentra su raíz en un profundo respeto por su poder para sanar o hacer daño. Para mí, el compromiso de caminar con otras mujeres en sus historias fluye desde mi propia historia.
Es desde esta premisa que ofrezco parte de mi historia. El parto fue la puerta a mis recuerdos, la entrada por la cual Dios trajo mi abuso a la luz. Mi primer parto fue en "mi" hospital, rodeada de colegas. Mi experiencia fue amorosamente protegida, y todos dijeron que fue un parto asombroso. Lo que no podía articular fue que parí con terror. El parto aparentaba ser pacífico porque me retiré de mi cuerpo y "me fui", me disocié.
Antes de mi segundo parto, pedí que nueve personas estuvieran presentes. Tenía miedo de sentirme sola. Esta vez, el terror se exteriorizó, y todos escucharon y sintieron cuando en voz de niña pequeña grité que "eso" cesara. Mi partera sabiamente no me dijo en ese momento lo que intuitivamente sabía. Yo no entendía la raíz de mi miedo, aunque sabía a causa de mi trabajo con partos naturales que algo estaba profundamente mal. Y así comenzó mi jornada de regreso a mis años de horror donde de niña pequeña, las noches trajeron violencia y dolor. El parto había despertado las memorias en mi cuerpo. Después de muchos años de trabajo sanador, parí de nuevo con poder y vulnerabilidad. Aún tenía la opción de "escapar", pero estuve presente y le di la bienvenida a mi hija en un parto de redención, un parto poderoso.
Hace poco, tuve el privilegio de acompañar a una mujer cuya historia ilustra por qué asisto partos naturales. En una comunidad de habla hispana donde la opción de un parto en casa es virtualmente desconocida, María* supo que quería algo diferente para su segundo parto. Soñaba con dar a luz en su apartamento con su esposo, donde se sentía segura, en el agua. ¡Nunca había escuchado de tal cosa! Esa semana, en el lavadero de su casa, conoció a una mujer sociable de 19 años que con su español limitado, contó de su parto en casa tres meses atrás. La siguiente semana, María se entrevistó con nuestras profesionales. A medida que progresaba su embarazo, ella y su esposo aumentaban en curiosidad y emoción. Ellos tenían una practicante homeopática que los apoyaba, pero no le contaron a nadie en su comunidad aquí o en México acerca de su plan de dar a luz en casa.
Cuando el trabajo de parto se intensificó, María se acomodó en la pequeña piscina para niños. La oscuridad, música, y luz de las velas giraban a su alrededor al moverse en el agua. Sus emociones alternaron entre gozo y temor a medida que el dolor se intensificaba. "¿Es esto normal? ¿Sienten lo mismo otras mujeres?" Previamente, ella había estado entumecida mucho antes de llegar a este punto. Cuando fue tiempo de pujar, su mantra cambió: "No puedo, no puedo, no puedo". Cuando la revisé, pude sentir que su cuerpo se puso rígido y literalmente volvió a absorber al bebé. Confié en mi intuición de que ella era una sobreviviente y no la toqué de nuevo. "Si necesitas pujar, sigue las indicaciones de tu cuerpo". Cuando sentí que se disociaba o se alejaba del presente, la llamaba con simples palabras: "Estás aquí. Estás segura. No estás sola. Este es tu bebé. Estamos aquí contigo".
Creo que la disociación no es ir a un "lugar seguro". Aunque hubiese sido la opción más segura para una niña, no trata con cariño al cuerpo. Pronto, rodeada de personas seguras, María dio a luz a su bebé sola en cuclillas. Al poco tiempo, con orgullo nos presentó su placenta. Este fue el nacimiento con el que había soñado muchos meses atrás.
En la visita después de las primeras 24 horas, una docena de veces María preguntó "¿Esto fue normal? ¿Otras mujeres sienten lo mismo? ¿Tú lo sentiste?" Las afirmaciones típicas no satisfacían. Finalmente le dije, "Cada mujer es diferente. El dolor del trabajo de parto es siempre intenso; pero a la vez yo sentí otra clase de dolor porque había sido abusada de niña. Sentí el dolor del trabajo de parto y el dolor de una violación. Cuando parí, sentí dos clases de dolor". Sus ojos se abrieron de asombro y exclamó, "¡Yo también! ¡Yo también!" Por media hora contó su historia, una historia de vergüenza infantil y la confusión que se prolongó después de su primer parto. La sensación de desconexión se había expresado en el puerperio como una aversión hacia su bebé, y meses de severa depresión siguieron.
Fue sólo después de años de consejería, grupos de Al-Anon (hijos adultos de alcohólicos) y cuidado homeopático que se arriesgó a encargar otro bebé. Sus ojos se alumbraron cuando comenzó a hacer conexiones ella misma entre su historia de la infancia y su parto anterior. "Esta vez fue tan diferente. ¡Lo escogí! Llegué a este momento consciente. Lo recordaré como una parte importante de mi sanidad". Me abrazó ferozmente cuando me despedí. "Hace tres días nació mi bebé sin nombre. ¡Hace tres días yo también nací como mujer! Ya no soy una niñita". En la visita final, con gozo resumió su parto: "¡Este fue mi parto de redención!"
Esta es la razón por la que asisto partos naturales. Esta es la razón por la que hago el trabajo de conocer mi historia. Escojo caminar descalza, entrando a lugares de sanidad con las mujeres. Observo con una mezcla de duelo y asombro cuando soy testigo del crudo dolor del abuso experimentado de nuevo mediante el parto, y la valentía de una niña parada firmemente, naciendo de nuevo como mujer. Verdaderamente, esta es tierra sagrada.



Joanna Wilder, RN, BSN, SM es una enfermera en obstetricia que ha asistido partos naturales por casi 20 años, en hospitales, centros de nacimientos y hogares. Está concluyendo su práctica como partera superior con Global Midwifery en Phoenix, Arizona. Facilita grupos femeninos de recuperación en español e inglés, basados en sus historias. Le apasiona el tema de los partos naturales, y poder acompañar a mujeres en su proceso de sanidad. Se la puede contactar en: embracing-birth@earthlink.net.

Lista de recursos
  • Adult Children of Alcoholics homepage. (Página de internet: Hijos adultos de alcohólicos)http://www.adultchildren.org/ Accesado el 26 Feb 2009.
  • Allender, Dan. 2008 ed. The Wounded Heart: Hope for Adult Victims of Sexual Abuse. Colorado Springs: NavPress Publishing Group. (Título en español: Corazón Herido: Hay esperanza para los que han sido víctimas de abuso sexual en su infancia. Miami: Editorial Caribe, Inc. 1995.)
  • Allender, Dan. 2000. The Healing Path. Colorado Springs: Waterbrook Press.
  • Open Hearts Ministry Web site. "Definition of abuse." For Spanish speakers: "Corazones Abiertos".http://www.ohmin.org/abuseandhealing/ Accesado el 26 Feb 2009.
  • Simkin, Penny, and Phyllis Klaus. 2004. When Survivors Give Birth. Seattle: Classic Day Publishing.
  • Sperlich, Mickey, and Julia S. Seng. 2008. Survivor Moms: Women's Stories of Birthing, Mothering, and Healing after Sexual Abuse. Eugene, OR: Motherbaby Press.
  • Tracy, Steven R. 2005. Mending the Soul. Grand Rapids: Zondervan.
*Esta historia es usada con permiso del cliente. Nombres y detalles han sido cambiados para proteger su identidad.

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